jueves, 16 de abril de 2015

En la Garganta del Diablo: Iguazú



Ya casi estábamos en la Garganta del Diablo



Pero primero fuimos al patio principal
 del Parque Cataratas de Iguazú



¡Hola! Regreso para contarles la segunda mitad del 19 de febrero, día en que conocimos las Cataratas de Iguazú. En el anterior Aterrizando les contaba que por la mañana había caído un aguacero tremendo. Hasta los zapatos se nos mojaron. Fue así como regresamos al Hotel Sheraton a comer y a cambiarnos la ropa.



Los encuentros con los coatís ya era
cosa de la normalidad




La tormenta de la mañana había pasado. Después de descansar un poco nos hicimos a la marcha. La Garganta del Diablo, el punto máximo de las Cataratas de Iguazú nos estaba esperando.




Los coatís se acercan a las áreas de picnic.
Por desgracia están acostumbrados  a recibir
comida de los turistas


Primero caminamos hasta la entrada principal del parque. Caminamos por dentro del Hotel Sheraton y llegamos al patio principal.  Ahí encontramos un cajero automático. Por suerte había uno y funcionaba perfectamente. Aquí el turista puede comer y comprar recuerdos del país.
El siguiente punto del itinerario era tomar el Tren Ecológico de la Selva. Con el se pueden recorrer varias estaciones. Nosotros llegamos hasta la Garganta. Esto nos tomo unos veinte minutos.

En el camino seguimos viendo coatís. Hambrientos en las cercanías de los restaurantes del parque. La gente les da de comer y esto los tiene muy mal acostumbrados. Los evitamos porque ya no era uno solo. Eran manadas. En fin, lo que venía nos dejaría asombradísimos.



Y llegamos a la Estación la Garganta del Diablo


Caminamos unos 5 minutos y el corredor de metal nos esperaba. Iríamos caminando sobre el Río Iguazú. De repente estábamos en la parta más ancha. La naturaleza era la jefa en ese momento. Sentía todo el viento caliente en mi cara. Era lo desconocido lo que me estaba impresionando. El agua estaba tranquila, preparándose para bajar.





Rumbo a la Garganta del Diablo




A esta hora ya no éramos los únicos turistas en el Parque. Pero todavía se podía caminar muy bien, sin los problemas de las masas. Ya no llovía, por suerte y el clima era demasiado agradable. Pronto nos pondríamos nuestros impermeables. De la Garganta del Diablo no se sale seco. 




Así fue como nos acercamos al Río Iguazú




Definivamente, yo, una citadina, quien ha vivido en grandes urbes, como mi Monterrey querido, en México, y quien se siente en casa recorriendo las ciudades más importantes del mundo, como ahora en Río de Janeiro, y quien ha vivido en las capitales europeas, sí yo, una rata de ciudad, estaba en una de las regiones más puras del mundo. Casi sin la huella del hombre. Estaba en mi primera gran aventura con la naturaleza. Entre el miedo y la fascinación por lo desconocido. Y ¿quien pensaría que después de la lluvia ya no quería regresar? De lo que me hubiera perdido. Pero para eso tengo a mi esposo que me obliga a dejar mi lado cómodo. 



Y llegamos a la plataforma de observación



¡Maravilloso! Es lo primero que puedo decirles sobre la primera imagen de la Garganta del Diablo. Las cataratas se desatan con todas su fuerza. Además de la fascinación por las cataratas,  el visitante se encuentra con las aves que revolotean jugando a mojarse en las mismas. Son como pequeños niños en sus ratos de travesuras. Estos pajaritos son los famosos de Iguazú y se llaman Vencejos. 

Ese día, sólo faltó el arcoiris para hacer perfecto ese momento. Pero no me quejo, el tiempo ahí lo disfrutamos enormemente. Ahora les dejo algunas de las imágenes de la Garganta del Diablo, que hace honor a su nombre.









Una foto para el album familiar
Esta es la Garganta del Diablo









De regreso al hotel



En el Parque Nacional de Iguazú, la flora y la fauna es extensa. En algunos lugares del puente sobre el río, leímos letreros de advertencia sobre víboras. En algunos tramos de caminata existen pantanos, con pequeños lagartos. Por suerte, no vimos a ninguno de ellos.



Terminó la excurisón



Llegamos al hotel. Felices y sanos y salvos. La excursión se había llevado a cabo de maravilla. Nuestras hijas estaban fascinadas, pero lo estaban aún más porque irían a la piscina del hotel. Se los habíamos prometido.



Hora de la pisicina, para beneplácito de nuestras hijas




El día acabó con una cena en el restaurant del hotel. ¿Dónde más? Aprovechamos la comodidad de estar ahí, sin necesidad de salir. A la mañana siguiente nos esperaba el aeropuerto de Misiones, Iguazú, para volar rumbo a Buenos Aires. Dejaríamos la selva para ir a la selva de concreto.





Iguazú al anochecer



Muchas gracias por leerme y les deseo una feliz semana. ¡Hasta el siguiente Aterrizando!


Rumbo a Buenos Aires con
Aerolíneas Argentinas

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