domingo, 26 de agosto de 2012

Viena al estilo Imperial

Y el sábado 4 de agosto llegamos a Viena desde Bratislava. El paseo en barco nos relajó un poco y nos dio energías para ir a visitar nuestra antigua colonia. La Maria Auxiliadora. Maria Hilfer. Ahí vivimos hace doce años apróximadamente. Así es que llegamos al hotel Sofitel, nos dimos un regaderazo y listos, nos fuimos a cenar.

En esta calle estuvo nuestro departamento. Da Michelle
fue nuestra pizzería favorita y estaba casi enfrente 


Recorrimos los rincones más queridos, como el Spittelberg, muy cerquita del Teatro Popular (Volksteather) y del área de los Museos (Museumsquartier). Siempre nos gusta pasear por las calles aledañas a dónde vivimos. Ver cuáles negocios existen todavía, y cuáles son nuevos. Recordamos con mucho cariño esta ciudad. Mi esposo y yo vivimos muy contentos ahí. En aquel entonces no teníamos auto y caminábamos lo más que podíamos. El centro nos quedaba a unos veinte minutos caminando. También podíamos viajar en su cómodo Metro, o bien, tomar el tranvía.

Cenamos en el restaurant Bohème. Unas milanesas (Wiener Schnitzel), por supuesto. Después, cómo en los viejos tiempos, regresamos caminando al hotel, por la calle Maria Hilfer. Como una de nuestras hijas, tenía que ir al baño, hicimos una escala en la mejor heladería de toda Viena: Paolo Bortolotti. Esa visita estaba planeada para el domingo, pero bueno, la adelantamos. Mi esposo pidió dos bolitas de chocolate. Siempre pide el mismo sabor. Para él éste es el mejor helado de chocolate del mundo.  Yo pedí también dos de una mezcla de crema con cerezas (Kirschobers). Las niñas se deleitaron con un helado de payasito y con chispas de chocolate.



Esa noche de verano nos encontramos a la luna
con este mágico color. Edificio Urania, en el Danubio

Después caminamos por el famoso Anillo de Viena (Ringstrasse), y pasamos su famoso Jardín Imperial  (Volksgarden). Ya casi era de noche, pero nos gustó caminar por sus prados. La atmósfera era muy romántica en ese día de verano. Seguimos hasta llegar a la Catedral de Viena y buscamos el camino hacia la plaza Schwedenplatz. Y ahí estaba, de nuevo el Sofitel, que nos ofrecía la iluminación de su restaurante en las alturas. Era hora de ir a dormir. Sólo nos quedaba menos de un día para recorrer nuestra hermosa Viena.

Después de esa caminata, las niñas durmieron sin chistar y nosotros vimos los inicios de una tormenta de verano. Había tantos relámpagos sobre la catedral, que le daban un exagerado toque gótico, por no decir grotesco o maquiavélico. ¡Uy, qué miedo! ¡A dormir!


Paseo en coche de caballos


A la mañana siguiente volvimos a tomar el desayuno en Le Loft. Sería la última vez. Después nos decidimos tomar un recorrido en coche de caballos por el cuadro turístico de la ciudad. Hace un año y medio lo hicimos en pleno octubre. Esta vez sin frío, pero con solecito. Las niñas estaban muy emocionadas.


Recorriendo la ciudad en un coche de
caballos, paseo típico para turistas


Caminamos hacia la Catedral y ahí preguntamos por un coche. El recorrido nos llevó a los edificios más famosos como El Palacio Municipal, el Parlamento, el famoso Palacio Imperial (Hofburg), que alberga lo que antes fui la residencia de los Habsburgo, la Bibioteca a dónde yo iba para buscar material de mi tesis,  y por las hermosas calles del centro. Por suerte mis hijas y yo teníamos un gorrito para protegernos del sol intenso. Este paseo es típico de los turistas y así uno puede darse cuenta de cómo eran los tiempos en los que reinaba la emperatriz Elizabeth, mejor conocida como Sisi.

Terminamos felices el recorrido y nos decidimos ir a comer pizza cerca de la Catedral. Pizza Bizi.  Al terminar, en lugar de ir a los famosos paseos del Castillo Belvedere o o del Castillo Schönbrunn, como normalmente lo hacemos, decidimos ir a visitar un museo. Escogimos el Museo Albertina y vimos la exposición de Monet a Picasso.


Biblioteca Nacional Austriaca: Aquí pasé horas tranquilas
buscando material para mi tesis de Maestría en Comunicación


El edificio es fascinante. Primero nos recibieron unos escalones de colores, escenario perfecto para que el papá nos tomará a las tres fotos. El Edificio es impresionante y el interior todavía más. Escaleras con piso de mármol y majestuosas columnas. Las hijas estuvieron muy atentas a las obras. A mí esposo y a mí nos impresionaron los trabajos de Picasso y a las niñas los cuadros Magritte.


Escaleras del Museo Albertina

Se nos estaba acabando el tiempo y después de visitar la tienda del Museo, nos fuimos a nuestro café favorito, el Tirolerhof, que estaba a unos cuantos pasos del Museo Albertina. Ahí nos esperaba el famoso pastel Sacher. Cuando vivíamos en Viena, mi esposo y yo íbamos todos los domingos a este café a leer el periódico y a comer un pastel Sacher (Sachertorte). Mi esposo tomó un cafe especial llamado grosser Brauner, que es un café doble moca, con crema servido en una taza grande. Yo tomé un refresco de cola, porque hacía mucho calor. Las niñas quisieron comer un helado, que no terminaron, y un refresco típico austriaco: Almdudler. Siempre que vamos a Austria, lo pedimos. Un clásico.


Pastel Sacher, un pedacito de Viena

Después de esta pausa, caminamos de nuevo al hotel y nos fuimos al aeropuerto. Se había acabado oficialmente el tiempo en nuestra ciudad favorita europea. Esperamos volver pronto. No importa si es invierno o verano. Viena es impresionante los 365 días del año. Y visitar a nuestros amigos.  Por lo pronto, aquí les dejo estas imágenes y les platico de mi siguiente Aterrizando: Kuala Lumpur, en Malasia. Feliz inicio de semana.


Palacio Imperial. Hofburg


Parlamento


Palacio Municipal


Catedral de San Estebán. Stephansdom

domingo, 19 de agosto de 2012

Bratislava, una perla del Danubio


La estación de Barcos en Viena: De aquí sale el catamarán a
Bratislava. Enfrente se puede ver la plaza Schwedenplatz

Hola mis lectores. En esta ocasión continúo mi relato del viaje de fin de semana a nuestra querida Viena, del que ya les había empezado a platicar en mi anterior Aterrizando.

Despertamos la mañana del sábado 4 de agosto y el plan tradicional para visitar Viena se cambió. Normalmente siempre que viajamos a Viena en fin de semana, lo aprovechamos completo para visitar los rincones que siempre nos gustaron. Esta vez no fue así. La idea era visitar la ciudad de Bratislava, a una hora de Viena. Mi esposo ha estado ahí por cuestiones de trabajo, pero yo, nunca.

La propuesta surgió la noche del viernes, pues nuestro hotel estaba enfrente del puerto dónde sale un catamarán a esta ciudad. A primera hora de la mañana, después de desayunar en el Le Loft, fuimos directo a comprar los boletos del barco en las oficinas del Twin City Liner, en la Estación de Barcos de Viena.

El tren que tomamos para Bratislava

Por desgracia sólo pudimos encontrar boletos en barco de regreso. La ida la tendríamos que hacer en tren, en la Estación de Trenes del Sur de Viena (Südbahnhof). Así es que nos fuimos en taxi hacia este punto, para inciar la aventura a Bratislava.

El tren salió puntual y tuvimos la suerte de tener muy buenos lugares. No eramos los únicos viajeros que irían a Bratislava. En el trayecto fuimos viendo un poco del paisaje Eslovaco. ¡Qué emoción!, la primera vez que visitaría este país. Para nuestras hijas también.

Llegamos a la Estación de Trenes en Bratislava e iniciamos un recorrido a pie hasta el centro de la ciudad. Apróximadamente 20 minutos. El clima era sofocante. El sol brillaba y casi estábamos a treinta grados. Pero, esto era mejor que caminar bajo la lluvia. Ese día nos despertamos con una tormenta veraniega en Viena, que sólo duró poco.  Así es que a caminar para ver la ciudad.


Palacio Grassalkovic

Recorrimos la avenida Stefánikova y llegamos a un hermoso jardín del Palacio Grassalkovic, dónde está asentado su Poder Ejecutivo. Hicimos una sesión de fotos con las niñas, pues su jardín era maravilloso. A partir de ahí, caminaríamos hasta su centro histórico.

El siguiente punto de referencia turísitico que vimos a mano derecha, fue el Castillo de Bratislava, punto importante para visitar en otra ocasión. Mi esposo ya ha estado ahí y conoce su panorámica. En esta ocasión no pudimos visitarlo, pues no nos quedaría mucho tiempo para el recorrido.

El Castillo de Bratislava

Y llegamos a su centro. Ese sábado por la mañana, vimos un bonito mercado típico. El siguiente punto en la agenda, era buscar un restaurant para la comida. Escogimos uno frente a la Plaza de Armas. Curiosamente nos dimos cuenta que la gente que estaba a nuestro alrededor, turistas como nosotros, viajarían de regreso en nuestro barco.

Plaza de Armas. Aquí se ve el Antiguo Ayuntamiento

En el restauran Roland, nuestras hijas comieron una típica milanesa vienesa, que también es un plato popular eslovaco. Mi esposo pidió Bryndzové halušky, una platillo elaborado a base de papá y queso de cabra. Yo sólo pedí un plato italiano de melón con jamón de Parma. Aburrido para el viaje, pero perfecto para el clima caliente que estábamos viviendo.


Bryndzové halušky, un platillo típico, en el 
Restaurant Roland


Ya casi eran las dos, y el barco saldría alrededor de las cuatro de la tarde. El tiempo se estaba pasando de volada. Así es que seguimos caminando por la ciudad antigua y nuestro destino era el Centro Comercial Aupark. ¿Por qué fuimos a este centro comerical? Bueno, por el trabajo de mi esposo, pudimos conocer este tip. Resulta que el famoso centro comercial, está a un lado del Río Danubio, a unos minutos de su centro antigjuo. Mi esposo lo había visitado antes para conocer los productos de su compañía en una de sus tiendas. Sin decir marcas, pero era un tipo de farmacía. El centro comercial Aupark es súper moderno y en su interior tiene las companías de muchas cadenas europeas e internacioales. Un ejemplo de cómo Eslovaquia está cambiando de ser parte de la vida comunista, a la vida consumista. 


El Nuevo Puente. Nový Most


A este restaurant en el puente se le conoce como
 platillo espacial. UFO

Lo hermoso de esta visita, fue caminar por uno de los puentes que atraviesan el Río Danubio. Nosotros lo cruzamos, a través del Puente Nový Most (el Nuevo Puente). Antes de llegar al Centro Comercial, los visitantes pueden admirar un edificio en el puente, que parece una nave espacial. Dentro de este edificio, hay un restaurant. La vista debe de ser formidable. Un motivo más para conocer en la próxima visita a Bratislava.  

Vista de regreso del Centro Comercial Aupark

Seguimos caminado bajo el calor, y el sol penetrante. Gracias a Dios teníamos nuestras gorras y una botella con agua. Además, después de la comida, esto resultó formidable. Llegamos al centro comercial y nos encontramos bajo el saludo del aire acondicionado. Existen tiendas para todos los gustos. Sólo visitamos dos. En una hicimos una compra, y en la segunda no entré, por falta de tiempo. Pero me lleve grabado en la mente el modelo de unas hermosas zapatillas rojas, de piel de ante, que no quisé comprar en las prisas. Por suerte las pude adquirir por Internet, cuando llegué a Basilea.


La Iglesia de San Martin. A un lado, han contruido
una autopista, todo un tema en esta ciudad


Antes de emprender de nuevo la caminata, entré en una chocolatería, pero no para comprar este tentador dulce, sino para comprar una botella de agua San Pellegrino. De un litro, claro. Y así emprendimos el vuelo como Cenicienta antes de la última campanada, porque el barco con destino a Viena, salía a las cuatro de la tarde.

Nuestro barco nos estaba esperando. ¡Vámonos a Viena!


Así recorrimos el camino de regreso y llegamos muy a tiempo al puerto dónde saldría nuestro catamarán rumbo a Viena. Por suerte, todavía nos esperaban algunos puntos turísticos qué ver, 
como el Castillo Devin, que tiene una larga historia y que por suerte, todavía es patrimonio histórico de Bratislava.


El Castillo Devin, edificado en el siglo VIII
Ahora les presento las últimas imágenes de esta ciudad desde el barco rumbo a Viena. Esta ciudad está cambiando radicalmente. Lentamente está ocupando un espacio en la Comunidad Europea. Y pensar que alguna vez fue parte de Checoslovaquia. Europa cambió, y sigue en evolución. Creo que los Eslovacos están viviendo nuevos tiempos, y una prueba de ello, es la manera de cómo está evolucinando su capital. Aquí les dejo una prueba de la Eslovaquia de antes, con la de la modernidad. Espero regresar algún día y poder ver un poco más de estos cambios.


Mlynské Nivy, su sector financiero 


Por lo pronto Viena nos estaba esperando para regresar a nuestros rincones preferidos. Esa tarde regresamos a nuestro cuarto del Sofitel y nos arreglamos para ir a cenar a la colonia donde vivimos hace doce años. Maria Auxiliadora. Maria Hilfer. Iríamos a cenar a la región del Spittelberg. Ahora mismo me entra la nostalgia. Buenas noches Viena, hasta mañana, cuando te veríamos por útima vez antes de regresar a Basilea, Suiza. Guten Abend! Servus! ¡Adiós!

¡Adiós Bratislava!


lunes, 13 de agosto de 2012

Viena, la ciudad que nunca envejece

De nuevo aquí en Aterrizando para contarles un viaje especial a la ciudad que se le conoce como el Corazón de Europa: Viena.

Después de haber llegado del viaje a México, nos fuimos a visitar la capital de Austria, dos semanas antes de que las hijas regresaran a sus clases. Tal parece que últimamente les hago recuentos exprés de nuestras visitas. Asia, México y ahora Austria. Y es que sólo estuvimos de viernes a domingo y también lo decidimos una semana después de regresar de Cancún.

¿Por qué fuimos a Viena? Para mi marido y su servidora, esta ciudad está llena de recuerdos, porque ahí vivimos durante año y medio. Una vez que nos casamos, firmamos el contrato de renta de un departamento en la ciudad de Zurich. Pero ni nos pudimos cambiar a él, porque de repente, la empresa en la que trabaja mi esposo, le ofreció un puesto para trabajar en esta ciudad. ¡Y así nos fuimos a Viena!


Así encontramos a Viena desde el Sofitel

El tiempo ahí fue maravilloso, no nada más por la ciudad, que de por sí es majestuosa. Sino también porque fueron nuestros inicios como recién casados. Sentimos que fue una lástima el no haber podido habitar el departamento de Zurich, que estaba frente al lago de esta ciudad,  pero hasta ahora, no nos arrepentimos porque conocimos una bella ciudad llena de pasado en todos sus rincones.

En fin, la historia la voy a contar en otra ocasión. Por lo pronto les quiero platicar de este viaje a la ciudad que permanece igual a través del tiempo. Pero todavía mejor aún, por las remodelaciones y las construcciones vanguardistas, como el hotel en el que nos quedamos.

El sueño de la artista Pipilotti Rist

Viajamos el viernes 3 de agosto desde Basilea hasta el aeropuerto de Zurich con nuestro carro. Después, abordamos el avión y llegamos a esta ciudad sin contratiempos. Tomamos un taxi y unos 20 minutos después, ya estabamos en el Hotel Sofitel.


Le Loft, en el Sofitel

En este hotel empiezan los contrastes de la arquitectura vienesa. Al lado del centro histórico de Viena, a unos cuantos metros de la plaza sueca (Schwedenplatz) se divisa este edificio de 18 pisos, enmarcado por el último, que es su Restaurant-Bar Le Loft, cuyo techo está enmarcado por una especie de mural, hecho por la suiza Pipilotti Rist. Lo especial de este hotel, además de su arquitectura, es la vista que se tiene de la ciudad. Desde las habitaciones, y desde el restaurant, se pueden ver la Catedral (Stephansdom), la Iglesia de San Carlos, el Ayuntamiento, la iglesia Votiv, el Castillo Belvedere y lo más maravilloso para su servidora: la región dónde vivimos mi marido y yo.

Desde que nos subimos al taxi, íbamos recordando nuestro tiempo en esta ciudad europea. Y bueno, no es la primera vez que regresamos a Viena. De esto ya pasaron 12 años. Nuestra última visita fue en las vacaciones de otoño del 2010. Había pasado mucho tiempo. Siempre que podemos, viajamos a esta ciudad y hasta visitamos la región dónde vivimos.

Terminamos de registrarnos y de conocer nuestro cuarto que cumplía con la vista prometida. Vimos Viena de noche y emocionados nos alistamos para ir a cenar con nuestras hijas. Claro, comida austriaca, de preferencia.

La Catedral de Viena. Stephansdom

Nos fuimos caminando en una noche hermosa de verano. Todavía había luz y el gentío del viernes por la tarde estaba ahí, en la heladería Tichy. Turistas y vieneses se daban cita para probar uno de sus famosos helados. Parece que todos los turistas vienen a Viena a comer esta delicia. ¿Nuestra heladería favorita? Bortolotti, en la delegación 7, en la la calle Maria Hilfer. Ya les contaré luego.

Buscamos un restaurant con mesas al aire libre. Encontramos uno muy acogedor, el Porthouse, de cortes de carnes al estilo americano. También ofrecía la famosa Milanesa o Escalopa Vienesa. Y hasta el renombrado pastel Sacher. Para ser  fiel al origen del restaurant, pedí una hamburguesa. La carne, maravillosa. El resto de mi familia disfrutó el Wiener Schnitzel, como se le conoce a la milanesa empanizada de este país.

Y después, de regreso, a dormir, que Viena nos esperaba la mañana del sábado. Ese día lo iniciamos con un programa especial para este viaje. La visita a Bratislava, Eslovaquia, el país vecino de Austria. Primero viajaríamos en tren y de regreso por barco, a través de las aguas del Danubio. Esta experiencia se las contaré en el siguiente Aterrizando. ¡Que tengan una bonita semana!

martes, 7 de agosto de 2012

Me basta, con un poco de Cancún

La Isla, lo único que interrumpió el descanso playero

La semana en Cancún estaba acabando  lo mejor de nuestro viaje, fue el encuentro con primos, hermana, cuñado y con mi mamá. Mis hijas disfrutaron mucho verlos, convivieron y jugaron juntos, como si nos vieramos todos los días.

El tiempo nos estaba ayudando y sólo tuvimos días soleados. No nos enfermamos y dormimos de maravilla en la cama llamada Heavenly Bed. De verdad, recomendable, especialmente después de un vuelo trasatlántico.


La Isla: Un paseo muy atractivo y a unos cuantos
 metros del hotel

En esta Cumbre Familiar Cancún 2012, nos faltó hacer una carnita asada estilo regiomontano. En las dos albercas del hotel, los huéspedes pueden hacer uso de sus asadores estilo americano. Una actividad más que hacer, cuando regresemos el próximo verano, si Dios quiere.

Sí, porque tenemos planes de regresar. Estas vacaciones nos sirvieron para descansar, ver a la familia, disfrutar la hospitalidad y comida mexicana y sobre todo, disfrutar el hermoso mar del Caribe. En nuestra próxima visita está planeada por lo menos un paseo a Tulúm.

No lo había mencionado, pero lo único que nos sacó de este descanso playero, fue la visita al centro comercial La Isla. Tuve la oportunidad de entrar de nuevo a una tienda Liverpool y llevar a mi marido a una sucursal del Palacio de Hierro, que no conocía. Quedó fascinado con la sección de Palacio de Hierro Casa. Y es que ¿quién no quiere llevarse de recuerdito un alebrije gigante para Europa? Además del exceso de equipaje, uno terminaría con un agujerito en los bolsillos. El precio de esta maravillosa escultura er de nada más y nada menos que de 64,000 pesos. Me gustó para ponerlo en una mesa de centro. Mi compra en esta tienda, fueron unos mantelitos individuales hechos en Asia, mucho más bonitos que los que vi cuando viajamos a ese continente. Y lo mejor, a mitad de precio.

Necesito decir que a las hijas La Isla no les llamaba mucho la atención, porque las sacaba de su diversión acuática. Sólo dos veces la visitaron. En una ocasión, para comerse un helado. Con esto, regresó su buen humor. Pero yo me fui un par de veces, mientras ellas chapoteaban bajo la supervisión paterna.

Volver a Basilea fue difícil, así como despedirse de la familia. Pero todo lo que empieza, también acaba, valga la redundancia. Mi familia salió rumbo al aeropuerto un día antes que nosotros. Nuestro regreso a Europa empezó por buen camino.


De regreso, sin ningún contratiempo

Durante el trayecto al aeropuerto fue impresionante ver en una de las lagunas a un cocodrilo tomando el sol. ¡Qué bueno que fue de lejecitos! No me los quiero topar nunca. Mejor verlos a distancia, tirados al sol. Sin que le hagan daño a nadie.


Difícil abandonar este paraíso mexicano

El vuelo con Cóndor estuvo muy tranquilo y dormimos bien. En especial nuestras dos hijas. En los asientos de Premium Economic, encontramos lo que prometían: espacio para estirar las piernas. Bueno, a mí no me hace tanta falta, pero a mi esposo europeo, sí.

El vuelo duró nueve horas y no once, gracias a la dirección del viento. Con estas circunstancias, claro que seguiremos viajando aunque sea por una semana. El vuelo directo, sin transbordes es ideal cuando se tienen niños.

Y llegamos a Frankfurt. Sin hacer filas largas en su aduana para mostrar nuestros pasaportes. Ningún inconveniente. ¡Y las maletas también llegaron! Maravilloso. Ahora mi esposo manejaría 3 horas de regreso a casa. Tomamos primero el autobús de regreso al hotel Mercure y recogimos nuestro auto. Sin hacer el pago de estacionamiento. Maravilloso y cien por ciento recomendable, considerando las estratosféricas sumas que podrían pagarse cuando se deja el auto en algún aeropuerto del mundo por una semana. El estacionamiento está incluído en la tarifa de hospedaje. Un muy buen servicio.

Ya no nos importaba el tráfico. Eran pasadas las dos de la tarde cuando llegamos al autobús. Probablemente nos enfrentaríamos al tráfico de fin de semana en Alemania, más el tráfico de los vacacionistas. Y así fue. Pasadas las siete de la tarde, estábamos haciendo una pausa en la gasolinería que está en la frontera entre Suiza y Alemania.

Para no perder tiempo en preparar la cena, decidimos cenar en el restaurante Mövenpick. Nos resultó muy agradable porque no había muchos visitantes. Mientras las niñas cenaban una pizza francesa llamada  Flammkuchen, mi esposo una salchicha suiza y yo una ensalada mixta, escuché en el restaurant una melodía de nuestro famoso cantante José José. Primero pensé que era una alucinación. Era la tristeza de haber dejado México. Pero no me equivoqué. ¡Efectivamente, era el cantante mexicano!

Mi marido no evitó la risa cuando le dije el nombre del artista que cantaba. ... me basta, con un poco de tu amor ... era lo que escuchábamos esa tarde.



Un pedacito de Nuevo León en Cancún. Los regalos culinarios de la familia 


Esto lo interpreté como una buena señal. Nadie en Europa pondría esta melodía así porque sí en un restaurante de carretera. Quizá en España, pero ¿en la frontera entre Suiza y Alemana? Ni pensarlo.
Definitivamente, le dije a mi esposo, es una buena señal y un buen final para este viaje a México. Me basta, como dice la canción, con un poco de Cancún... Ni dos semanas, ni un mes, ni tres, ni seis. Estoy feliz y satisfecha por este viaje que resultó ser la mejor alternativa para la Cumbre Familiar.

Regresé a Basilea con la alegría de haber visto a la familia, y con la realización de haber pisado suelo mexicano y habérselo mostrado una vez más a nuestras hijas. Ellas, quienes hablan español con mi acento regiomontano y que saben cantar el corrido de Monterrey. ¡Ajúa, si señor!, porque aunque no pisé suelo regiomontano, en Cancún estuvo mi familia, y eso, fue un pedacito de mi terruño. También le agradezco a mi marido la oportunidad de este viaje que fue sin planearlo por meses. Nos decidimos casi a último momento, y claro, también a la familia regiomontana que nos fue a ver a esta playa.

Me despido ahora que me pongo tan sentimental y les adelanto el tema de mi siguiente Aterrizando: Viena, la ciudad que no envejece, de dónde acabamos de pasar el pasado fin de semana. ¡Hasta pronto!