jueves, 5 de julio de 2012

Cena de Aniversario en Bali

Hoy les voy a platicar en este Aterrizando un acontecimiento muy importante en la vida de su servidora. Este 14 de noviembre, cumpliremos 15 años de casados. Y lo empezamos a celebrar en Bali, con una cena en el cuarto, y lo mejor de todo, es que nuestras dos hijas estuvieron presentes con nosotros.

Además, un extra de la celebración adelantada, porque a Bali fuimos en febrero, fue que tuvimos buen clima. Una perfecta velada idílica de verano, considerando que noviembre en Suizaes gélido y gris, con sus excepciones soleadas, claro.

Este fue el principal motivo de adelantar los festejos. Les voy a platicar en qué consistió.


Este fue el asador, nada más le faltaba la parrilla

Mi esposo reservó casi a nuestra llegada la fecha para tener esta carne asada. A eso de las seis y media de la tarde, nos llevaron un asador y todo lo que se necesitaba. Nos pusieron una mesita en el jardín, bien arregladita con flores de las que les había mencionado, frangipani y unos tipos deliciosos de botanas. Lo que más me gustó fue una especie de totopos como los mexicanos, pero con pedacitos de nuez. ¡Deliciosos!, con las salsas picositas. Me sentía como en México. Esta es una de las similitudes de las que ya les había contado.


Los totopos balineses

Antes de empezar, Gusti, se presentó con nosotros. El sería el chef que nos introduciría en la celebración de la carne asada. La velada con él fue muy interesante, porque también aprendimos mucho de la cultura balinesa, por ejemplo, sobre las salamandras que se paseaban en nuestro cuarto.


Las visitas de los espíritus


Resulta que por las noches escuchábamos unos ruidos de animales, y nunca logramos identificar exactamente de quién provenían. Primero pensamos que eran los changuitos que jugueteaban en los tejados. Efectivamente, sí eran los changos que daban marometas en el techo del cuarto, pero el sonido provenía de las salamandras.

Gusti nos explicó sobre la creencia balinesa de la reencarnación. Se supone que los muertos regresan a este mundo como salamandras y así pueden visitar a sus familias. Para los balineses es un honor tener salamandras en sus jardínes, porque significan el retorno de sus seres queridos. Lejos de tenerles miedo, tratan de que no les pase nada.

La mesa, lista para la cena

En fin, el olor a carne asada empezaba a abrirnos el apetito.  La mesa quedó muy bien decorada y poco a poco el cielo balinés se estaba poniendo rojo. Nos estabamos rodeando de una atmósfera muy romántica. La principal decoración fueron las flores frangipani.


La flor de Frangipani en mi color favorito

Un día, en el desayuno, una chica de la recepción nos explicó que la flor de frangipani se puede observar en Bali en diferentes colores. La amarilla con ribete blanco es la típica, y es la mezcla de la blanca con la amarilla. También hay un tipo frangipani de color rosa mexicano. Para mí, la amarilla es mi favorita. La creencia balinesa es que una mujer se vuelve más bonita cuando coloca una flor en su cabello. Y eso fue lo que mis dos hijas y yo hicimos esa noche, nos colocamos flores prangipani como adorno en nuestras orejas.

De regreso a la cena. Además de los totopos, la carne asada incluía una ensalada y una pasta asiática. Obviamente, las niñas tomaron un platillo del menú de niños. La mayor, dedos de pescado empanizado, y la chiquita, pizza.


Comimos tamales balineses


¿Verdad que son tamales?

Pues el momento especial de la noche, y del viaje, fue cuando comimos un tamal balinés. No me pregunten por favor el nombre del platillo. Tengo que ir de nuevo a Bali y comer otro tamal. Les prometo que me grabaré el nombre. ¿Por qué digo que es un tamal balinés? Pues porque el platillo está presentado en hojas de plátano, como si fuera un tamal del sur de México.

¿Y el relleno? Pues nada más ni nada menos que un filete de atún sazonado a la balinesa.  Claro, picosito, y lo mejor de todo súper saludable, porque no tiene ningún otro ingrediente, más que las especias.  Además, el menú incluía pierna de pollo asada, camarones y los famosos alambres asiáticos, conocidos como saté. ¡Provecho! De postre, unos dulces balineses a base de arroz.

Esto fue la experiencia culinaria, pero que no se nos olvidé el motivo de la celebración, quince años de casados. No tengo idea de cómo ni en dónde lo celebraremos, viviendo en Basilea. Por eso, esa noche fue especial, porque eran vacaciones en la playa, con un hermoso atardecer muy propio para la ocasión.


¡Buenas noches Ungasan, Bali!

Ahora que les cuento esto, se me antoja el tamal de atún que comí. Lo bueno es que pronto estaremos en Cancún, México, para saborearlos. Pero mientras empaco maletas, les prometo que en el próximo Aterrizando, les compartiré las fotos de nuestro último día en Bali. Todo principio tiene su fin, lástima.

Buenas noches y que disfruten de la noche, en dónde quiera que se encuentren y hasta el próximo Aterrizando

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